“Gossip Girl”


“Gossip girl” es una oda a la patanería, a la gilipollez congénita, la superficialidad y los rasgos más viles y bajos del ser humano, una canción al borreguismo y la subnormalidad. Una porquería de serie, sin lugar a dudas con la que he decidido encabezar mi sección de series porque hace tiempo le tenía muchas ganas y toda esta rabia en mi interior tiene que explotar por algún lado.

Comienzas a verla porque es la típica serie “Cosmopolitan” con la que se abrasa en todos los lugares, sin parar. Al principio pareces un Don nadie si no has visto “Gossip Girl” y no reconoces el apellido “Waldorf” que muchas adolescentes que van de niñas bien comparten en su biografía de facebook. Y empezarla es todo un error, porque con estas series pasa como con el pop malo, que de malo que es,engancha, y entonces ya no tiene remedio.

“Gossip Girl” presenta el esquema típico de una telenovela colombiana, con más glamour, con chicos y chicas vestidos de Louis Vuitton o Furla que tienen menos clase y educación que una patata y que curso a curso se postulan como firmes candidatos en su ascenso al puesto de zorrón y chulo  del año. El “Al salir de clase” newyorkino, con actores de treinta que interpretan a niños de 18, dónde falta Turbo, con su mochila vacía. Una serie que aspira a ser la nueva “Sexo en Nueva York” y se queda en un intento frustrado.

Los protagonistas.

“Gossip Girl” cuenta la historia de Blair Waldorf y Serena Van der Woodsen, dos adineradas chicas de la gran manzana, unineuronales, ambiciosas, pretenciosas y putones verbeneros. Porque esto es así. Visten bien pero no dan para más. Los affaires de estas grandes divas de patio de colegio con un compendio de “tios buenos” -principal atractivo de una serie que de carecer de atractivo en su reparto no vería nadie- seres planos, ricachones, pedantes e influyentes. Los personajes son pésimos pero si quieres un motivo para engancharte, a nadie le amarga un dulce. Todos y cada uno de ellos: Chuck Bass, Nate Archival y Dan Humphrey hasta la última temporada en que decidió matar un gato y ponérselo en la cabeza. ¿Quién quiere un buen guión teniendo tios y tias buenas? Esa es la esencia, básicamente. Después colocar dos monos detrás de un ordenador y escribir un guión. Facil, sencillo y para toda la familia.

La historia:

Una historia que hace aguas por todas partes. Amor, sexo, príncipes de Mónaco, crímenes y degradación. Pobres que son pobres porque viven en Brooklyn, para que nos entendamos. En principio puede sonar bien -que tampoco- pero son ingredientes muy mal aprovechados. La historia de unos jóvenes en el instituto que se desarrolla irregular (cinco temporadas en el instituto, una en la universidad, con diecinueve años trabajando como jefazos). Patanería y vulgaridad en los que se salvan los vestuarios y diseñadores con los que nos deleitan en ocasiones. Pero para ver trapitos ya tuvimos suficiente dosis de “Sexo en Nueva York” y lo cierto es que no compensa. La historia es que no hay historia porque ya no saben que inventar. La última temporada igual los aliens invaden Nueva York, estaremos expectantes.

La moraleja:

El amor no existe en el Upper East Side dónde las intrigas se suceden entre hermanos, maridos y mujeres y las propias mascotas no, porque no existen, que sino también. Sólo importa el dinero y que Armani diseñe los trajes que llevas a trabajar. Maquinaciones éstas innecesarias puesto que como los personajes no nos interesan, tampoco ellas. Bipolaridad y graves trastornos de la personalidad asedian a todos y cada uno de los personajes, nunca jamás sabrás de que pie van a cojear porque cada temporada van a exprimir y acabar con su esencia malograda. En definitiva, no la veas, y ahorra todos esos preciosos minutos de tu vida que podrías dedicar a algo de calidad..cualquier cosa. De verdad.

 

Lo peor:

 

1. Blake Lively. En sus clases de interpretación alguien debió aconsejarla que intentara hablar como si tuviera un calcetín metido en la boca, craso error. Es guapa si, pero no da para más. Que se meta a modelo que para la actuación no vale. A menos que la toque interpretar un arbusto o una señal de tráfico en cuyo caso estaría divina. La Mario Casas americana.

2. Los personajes. Aparecen, desaparecen, (Aviso spoiler) algunos mueren e incluso resucitan. Alcohólicos algunos, intrigantes otros, ninguno se salva. La maldad está bien en su justa medida pero a veces viene bien un poquito de integridad.A algunos no saben como quitárselos del medio y no se vuelve a saber más de ellos jamás. Poca seriedad. Imposible empatizar con alguno, a menos que seas Carmen Lomana.

3.El vestuario. En estas series que van de glamourosas siempre corremos el riesgo de ver aberraciones estéticas muy flagrantes. Nos pasó con “Sexo en Nueva York” y en esta ocasión a veces nos dan ganas de patear a los protagonistas hasta la muerte. Horteras.

4. El mensaje. No tiene moraleja más allá de que la riqueza es el bien y el fin justifica los medios cualesquiera que sean éstos. El bien y el mal están del lado del dinero.Si no estás bueno y no mides más de 1’70 no eres nadie en este mundo, así que suicídate o vete a vivir al Bronx.

 

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